Hoy presentamos: El Poder Intocable y el Beso de los 99 Puntos.

El ambiente en la modesta sala de estar de Renata era asfixiante. Marco Lobo, el implacable prestamista, mantenía una mirada de depredador mientras sus hombres bloqueaban la salida.

"¿Tres cientos millones por tu dignidad?", preguntó Damián con una serenidad pasmosa, ajustándose el chaleco de su elegante traje café. "¿Y crees que saldrás con vida de aquí para gastártelos?".

"¡No me vengas con amenazas, muchachito!", rugió Marco Lobo, dando un paso al frente. "¡Tengo influencias en todo Puerto Solaria! Si no me das tres cientos millones de dólares ahora mismo, ¡te descuartizo aquí mismo!".

Damián no parpadeó. Sacó una tarjeta bancaria de diseño negro mate con bordes de platino y se la lanzó con desdén al matón que sostenía la terminal de cobro.

"Verifica los fondos", ordenó Damián con voz gélida. "Comprueba con quién te estás metiendo".

El matón deslicó la tarjeta por el lector con manos temblorosas. Tras unos segundos de procesamiento, la pantalla digital parpadeó con un mensaje en letras rojas que hizo que los ojos del criminal casi se salieran de sus cuencas.

"Saldo Disponible: +$10,000,000,000.00 USD. Cuenta Prioritaria de la Élite Global".

"¡J-Jefe... mire esto!", balbuceó el matón, mostrándole la pantalla a Marco Lobo.

Marco Lobo miró la cifra de diez dígitos. Diez mil millones de dólares líquidos en una sola cuenta personal. El rostro del peligroso extorsionador pasó del rojo fiera a un blanco papel.

¡Esta tarjeta es de la alta nobleza financiera internacional!, pensó Marco Lobo, mientras un sudor frío le recorría la espalda. Un joven capaz de mover este capital no es un simple empresario... ¡es el heredero de un imperio intocable! Si le toco un solo cabello, ni con diez vidas me alcanzará para huir de sus cazadores.

El temible extorsionador cayó de rodillas sobre el suelo, inclinando la cabeza repetidamente ante Damián.

"¡Señor! ¡Perdóneme! ¡Fui un estúpido sin ojos!", suplicó Marco Lobo temblando de terror. "¡No sabía que la señorita Renata era la mujer de un titán como usted! Le devuelvo los diez millones ahora mismo, ¡por favor no acabe con mi organización!".

Damián miró al criminal en el suelo con desprecio. "Pídele perdón a Renata".

Marco Lobo se arrastró hacia Renata, dándose golpes de pecho. "¡Señorita Renata, mil disculpas! ¡Fue mi gran error! ¡Jamás volveré a acercarme a su familia!".

"¡Lárguense!", gritó Renata con la voz entrecortada.

Marco Lobo y sus secuaces se levantaron despavoridos, saliendo de la casa a tropezones como ratas huyendo del fuego.

 

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Sin embargo, la verdadera bajeza aún no había terminado. Esteban, el padre de Renata, al ver la humillación del temido prestamista y presenciar la astronómica riqueza de Damián, sintió que la codicia le carcomía la razón.

En lugar de mostrar gratitud a Damián por salvarle la vida, Esteban se interpuso en el camino cuando el joven intentaba llevarse a Renata.

"¡Espera un momento, Damián!", exclamó Esteban con una sonrisa cínica. "¿Crees que es así de fácil llevarte a mi hija? Yo la crié por más de veinte años. Si quieres que sea toda tuya y no vuelva a molestarlos, ¡dame diez millones de dólares a mí también!".

"¡Esteban, eres un desalmado!", sollozó la madre de Renata, intentando jalarlo de la camisa. "¡Damián te salvó la vida y te pagó las deudas! ¡¿Cómo te atreves a vender a tu propia hija?!".

"¡Cállate, mujer!", le gritó el viejo cobarde.

Damián miró fijamente al hombre. Sacó un cheque de alta denominación, lo firmó con elegancia y se lo arrojó al pecho.

"Toma los diez millones", dijo Damián con una voz tan helada que hizo estremecer la estancia. "Con esto, la deuda de crianza queda saldada para siempre. Si te vuelvo a ver cerca de Renata o intentando extorsionarla, me encargaré personalmente de que pases el resto de tus días en el lugar más oscuro de la prisión".

Esteban tomó el cheque con la boca abierta y una risa maníaca. "¡Entendido! ¡Renata ya no tiene nada que ver conmigo!".

Tan pronto como Damián y Renata salieron por la puerta, Esteban empujó bruscamente a su esposa hacia un lado. "¡Tengo dinero otra vez! ¡Hoy mismo recupero todo en las mesas de apuestas!".

La madre rompió a llorar amargamente en el suelo, viendo cómo el vicio terminaba de destruir el hogar.

Minutos más tarde, la brisa nocturna acariciaba el rostro de Renata mientras viajaba en el asiento del copiloto del lujoso convertible de Damián. El silencio de la noche envolvía el vehículo.

Renata miraba sus manos entrelazadas, con lágrimas enrojecidas sobre sus mejillas.

"Damián... hoy me has salvado la vida y la dignidad tantas veces...", susurró ella con voz quebrada. "Considéralo como si te estuviera pidiendo prestado todo ese dinero... Te prometo que te lo devolveré aunque trabaje toda mi vida".

Damián detuvo el automóvil a un costado de la avenida principal, bajo la sombra de los árboles iluminados por faroles amarillos.

"Hago esto porque quiero", respondió Damián mirándola a los ojos. "No tienes que devolverme nada".

Renata se mordió el labio inferior. La gratitud, la admiración y un amor profundo desbordaron su corazón. Se inclinó levemente hacia él, acariciando el brazo de Damián.

"Me has ayudado demasiado... ¿Cómo podría agradecértelo? ¿Qué tal si... me entrego a ti esta noche?".

En ese instante, la interfaz azul del Sistema flotó exclusivamente ante la vista de Damián sobre el rostro sonrojado de la joven:

[Objetivo: Renata Soler]

[Puntos de Afinidad Actuales: 99 / 100]

Damián contempló la pantalla. ¿99 puntos de afinidad?, pensó Damián con intriga. Falta solo un punto para llegar al nivel de lealtad absoluta e inquebrantable. ¿Por qué 99 y no 100?.

Con una leve sonrisa caballerosa, Damián le tomó delicadamente la mano a Renata y negó con la cabeza.

"¿No me dijiste antes que no eras una persona cualquiera?", bromeó Damián suavemente. "¿Y ahora te me vas a ofrecer así de fácil?".

Renata sintió que el corazón se le derretía. Se dio cuenta de que Damián no la veía como un objeto ni como un trofeo de dinero, sino que la respetaba profundamente como mujer. Ese gesto de nobleza pura destruyó la última barrera de su alma.

Sin dudarlo un segundo más, Renata se impulsó hacia adelante, rodeó el cuello de Damián con sus brazos y le plantó un tierno y apasionado beso en los labios.

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¡Renata ha caído completamente rendida ante el encanto noble de Damián! Pero la tranquilidad durará poco.