En el centro del majestuoso salón de recepciones de la Mansión Ferrer, dos sirvientes empujaron un elegante carrito de servicio cubierto con una manta de terciopelo. Sebastián, luciendo su impecable traje blanco, levantó la mano con arrogancia y retiró la cubierta para revelar un violín de madera barnizada que resplandecía bajo los candelabros de cristal.

"¡Atención a todos!", exclamó una de las aristócratas presentes, juntando las manos con admiración. "¡Ese violín es una obra maestra del legendario luthier Ovidio! Una sola de sus cuerdas vale más de un millón de dólares. ¡El instrumento completo está valuado en más de 20 millones de dólares!".

Sebastián miró a Damián con una sonrisa cargada de veneno. "Isabella es una experta en música clásica y este violín demuestra el nivel de mi linaje. Y tú, repartidor de pacotilla... ¿qué le trajiste de regalo? ¿Una caja de comida fría?".

Damián no se inmutó. Con total parsimonia, deslizó la mano en el bolsillo de su chaleco amarillo de repartidor y sacó una colorida paleta de caramelo en espiral, envuelta en papel celofán.

"Feliz cumpleaños, Isabella", dijo Damián, entregándole el dulce.

Las risas de burla estallaron entre los invitados. "¡¿Le regala una paleta de dos dólares a la heredera de los Ferrer?! ¡Qué muerto de hambre tan ridículo!".

"No digan tonterías", corrigió Damián con frialdad. "Es una de tres dólares".

Isabella tomó la paleta, contempló los colores brillantes y, para sorpresa de todos, esbozó una dulce sonrisa. "Gracias, Damián... ¿Cómo sabías que me encantan los caramelos desde que era niña?".

En la visión privada de Damián, la pantalla holográfica del Sistema parpadeó:

[Notificación del Sistema: Reacción de Isabella Ferrer]

[Puntos de Atracción: +30 | Puntos Actuales: 40]

 

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Sebastián apretó los puños, hirviendo de rabia al ver la sonrisa de la cumpleañera. "¡Basta de estupideces! Mi segundo regalo es una interpretación musical privada".

Tomando el violín de 20 millones de dólares, Sebastián se lo colocó sobre el hombro y comenzó a ejecutar una compleja sonata clásica. Las notas sonaban pulidas, demostrando años de entrenamiento fino.

Al terminar, los aristócratas aplaudieron eufóricos. "¡Increíble! ¡Esa ejecución es de nivel profesional!".

Sebastián miró a Damián con arrogancia. "Esta es la brecha insalvable entre la élite y la basura de clase baja. Tú jamás podrías entender la música".

"¿Solo por tocar un violín te crees un genio?", respondió Damián. "¿Quién no puede hacer eso?".

"¡¿Qué dijiste?!", rugió Sebastián. "Si tanto hablas, agarra el violín. Hagamos una apuesta: si logras tocar mejor que yo, me alejare de Isabella para siempre. Pero si pierdes, ¡te lárgas de su vida y no te le vuelves a acercar!".

"Trato hecho", aceptó Damián.

Damián tomó el valioso violín de las manos de Sebastián. En su mente, el joven invocó la interfaz del Sistema:

"Sistema, activa el Libro de Habilidades Especiales que desbloqueé al conquistar a Renata. Desbloquea la habilidad: Maestro Internacional de Violín".

[Petición Aprobada]

[Consumiendo Libro de Habilidades...]

[¡Felicidades! Has adquirido la Habilidad de Nivel Maestro Supremo en Violín]

Un torrente de conocimiento musical absoluto inundó la mente de Damián. Acomodó el arco sobre las cuerdas y rozó la madera. Al principio produjo un chirrido feo para probar el tono, lo que provocó carcajadas en el salón. "¡Toca peor que un animal!", se burló una joven.

Sin embargo, un segundo después, los dedos de Damián volaron sobre el mástil a una velocidad sobrehumana.

Una melodía majestuosa, llena de sentimiento, potencia y técnica insuperable resonó en todo el salón. Era un concierto de nivel maestro que dejó a todos los aristócratas con la boca abierta. Las notas eran tan limpias y perfectas que las copas de cristal vibraban al ritmo de la música.

Isabella se llevó las manos al pecho, impresionada por el talento de su novio falso. Sebastián dio dos pasos hacia atrás, pálido como la nieve. "¡No... no puede ser! ¡¿Cómo es posible que un repartidor toque a nivel de maestro?!".

 

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Damián finalizó la pieza con un nota alta impecable. El salón estalló en una ovación salvaje de aplausos.

"Gané la apuesta", dijo Damián mirando a Sebastián. "Cumple tu palabra y lárgate".

Sebastián, humillado y sin capacidad de respuesta, bajó la cabeza y salió huyendo de la fiesta entre los murmullos despectivos de los invitados.

Isabella se acercó a Damián con las mejillas sonrojadas. "Gracias por lo de hoy, Damián... De verdad me dejaste sin palabras".

"¿Solo gracias?", insinuó Damián con tono pícaro. "¿No hay otra recompensa?".

Isabella, dejándose llevar por el momento y el encanto del joven, se inclinó suavemente y le plantó un dulce beso en los labios frente a toda la alta sociedad.

[Notificación del Sistema: Reacción de Isabella Ferrer]

[Puntos de Atracción: +35 | Puntos Actuales: 75]

"¡ISABELLA!", resonó un grito desgarrador desde la puerta del salón.

Lunita, luciendo un vestido rosa de fiesta, corrió hacia ellos con los ojos llenos de lágrimas.

"¡Isabella! ¡¿Qué estás haciendo?!", exclamó Lunita con el corazón roto. "¡¿No me prometiste que no te meterías con el hombre que me gusta?!".

Isabella se separó de Damián, sorprendida. "Luna... déjame explicarte...".

"¡Ya lo vi todo! ¡Lo besaste!", gritó Lunita, tomando a Damián del brazo izquierdo con desesperación. "¡Damián es mi Bastián! ¡Él es mi patrocinador de las transmisiones y me prometió que saldríamos!".

"Él es mi novio oficial", respondió Isabella a la defensiva, sujetando el brazo derecho de Damián con firmeza.

"¡Mentira! ¡Él es mío!", chilló Lunita, jalándolo hacia su lado.

"¡Es mío!", contraatacó Isabella, tirando del otro costado.

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Damián se encontró atrapado en medio del intenso estira y afloja entre las dos hermosas hermanas, sonriendo para sus adentros mientras toda la alta sociedad presenciaba el escándalo romántico del año.