Hoy presentamos: La Humillación de la Facultad.
Al día siguiente, desde el ventanal de su habitación, Damián tomó su teléfono y marcó el número de Renata.

"Hola, Damián", respondió la voz dulce de la joven al otro lado de la línea.

"Renata, ¿estás libre hoy? Me gustaría invitarte a comer y que me acompañes a un evento", dijo Damián con serenidad.

"Claro que sí, tengo todo el tiempo para ti", aceptó ella de inmediato, esbozando una radiante sonrisa.

Damián le envió la ubicación por mensaje: Gran Salón del Hotel Real. Sin embargo, al mirar la dirección en la pantalla de su teléfono, una leve sonrisa se dibujó en su rostro. ¿Hotel Real? ¿No es este uno de los hoteles de lujo del Grupo Cruz, propiedad de Camila? Qué coincidencia más interesante...

Pocos minutos después, Damián llegó al lobby del Hotel Real vistiendo un impecable traje cruzado de color café camel sobre una camisa negra, proyectando el aura de un magnate internacional.

Al pasar por la recepción, el gerente general del hotel lo observó fijamente, comparando apresuradamente el rostro del joven con una fotografía en su teléfono. Sus ojos se abrieron de par en par al confirmar la identidad. De inmediato, el gerente tomó el teléfono del hotel y llamó a su superiora.

En una oficina ejecutiva al otro lado de la ciudad, Camila Cruz, luciendo un llamativo traje rojo, contestó su teléfono privado.

"Señorita Camila... el señor Damián Ríos acaba de entrar al hotel", reportó el gerente temblando. "Dijo que viene a una reunión de exalumnos en el salón reservado".

"Llévale inmediatamente la botella de vino de reserva privada que tengo guardada en la cava", ordenó Camila con voz firme y categórica. "Señor Ríos es un invitado de honor. Atiéndanlo como se merece antes de que yo llegue. Le debo un favor incalculable".

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Mientras tanto, en el reservado de banquetes del hotel, la mesa redonda ya estaba rodeada por los antiguos compañeros de la facultad de administración. Entre ellos estaban Tomás Prieto, Raúl Méndez y Valeria, luciendo un atrevido vestido rojo.

"¿Creen que Damián se atreva a venir hoy?", preguntó Raúl con sarcasmo mientras bebía vino.

"Será mejor que no venga. Me da un asco profundo solo ver su cara de muerto de hambre", soltó Valeria con desprecio, cruzándose de brazos.

"Ni de chiste viene", añadió otra excompañera entre risas. "Si yo fuera él, con ese tiempo libre preferiría ir a entregar más pedidos de comida. Venir a un hotel de cinco estrellas a hacer el ridículo es patético. ¡Es un inútil bocón!".

"¡Si hoy se atreve a aparecer, me como la comida del suelo en vivo!", apostó otra joven de la mesa, desatando las carcajadas de todos.

En ese preciso instante, la puerta doble del salón se abrió de par en par. Damián entró a la habitación con las manos en los bolsillos, caminando con una elegancia imponente.

"Vaya, veo que están todos aquí", dijo Damián con tono pausado y burlesco. "¿Quién de ustedes fue la que dijo que iba a comer del suelo en vivo? Muy bien, puedes empezar".

El salón se quedó en un silencio sepulcral por dos segundos. Tomás Prieto se acomodó el saco gris y soltó una risa burlesca. "Damián... ¡¿de verdad tuviste los agallas de venir?!".

"¿Y por qué no vendría?", respondió Damián, tomando asiento tranquilamente.

"Entiende tu lugar, Damián", intervino otra chica con tono de superioridad. "Aquí todos somos la élite de la ciudad y tú solo eres un simple repartidor de comida. ¿Crees que mereces sentarte en la misma mesa que nosotros?".

"Espérate", intervino Raúl con una sonrisa maliciosa. "Si el muerto de hambre quiere comer con nosotros, está bien. Pero primero comemos nosotros las carnes finas y luego le dejamos las sobras a él".

"¡Me gusta la idea!", celebró Tomás. Tomó un trozo de ave asada, le dio un mordisco exagerado y arrojó el hueso directamente sobre el plato limpio frente a Damián. "Ya que fuimos compañeros, no digas que no te echo la mano. Si te arrodillas y te comes mis sobras, te dejo quedarte a mirar".

Toda la mesa volvió a estallar en risas humillantes. Valeria miró a Damián con altanería. "Damián, dime la verdad... ¿viniste a rogarme para que volvamos? Ni lo sueñes. Todos saben que andas de arrastrado buscándome".

Damián cruzó los brazos, se reclinó en su silla y soltó una risa fría. "¿Volver contigo? Aunque te me tires encima desnuda, te rechazaría. Fui a prisión por tu culpa para salvarte, te quedaste con mi dinero y te divertiste con otro. Menos mal que rompimos, si no, me habrías arruinado la vida".

Valeria se puso de pie de un brinco, encendida de rabia. "¡Inútil! ¡Jamás vas a encontrar a una mujer mejor que yo!".

"Qué lástima decepcionarte, Valeria", dijo Damián mirándola a los ojos. "La mujer que tengo ahora te supera cien veces en belleza, clase y dinero".

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"¡Ya no te hagas el grande, Damián!", gritó Tomás Prieto riéndose a carcajadas. "En la discoteca dijiste que ibas a traer a una chica hermosa hoy a la reunión. ¿Y dónde está, ah? ¿Viniste solo, perdedor? ¡Díganme a este muerto de hambre quién lo va a querer!".

Antes de que las risas se extinguieran, el sonido de tacones finos resonance desde el pasillo.

La puerta del salón VIP se abrió suavemente. Una mujer deslumbrante hizo su entrada. Era Renata, luciendo un majestuoso vestido de noche blanco perlado con incrustaciones de pedrería dorada, un escote deslumbrante y una abertura elegante que dejaba ver sus piernas perfectas. Su cabello caía en ondas suaves sobre sus hombros, haciendo que todo el salón quedara en shock.

Las mandíbulas de los excompañeros cayeron al suelo. Raúl y Tomás se quedaron paralizados con las copas en la mano.

"¡Vaya... qué diosa!", musitó Tomás con los ojos desorbitados, reajustándose la chaqueta de inmediato para levantarse de su silla. "Hola, guapa...".

Renata ni siquiera parpadeó al mirar a Tomás. Pasó de largo rozando su hombro y caminó directamente hacia Damián.

"Damián... ¿llegué tarde?", preguntó Renata con voz dulce y cariñosa.

Damián se levantó amablemente, le retiró la silla y le acarició el rostro con delicadeza. "No, mi amor. Llegaste justo a tiempo".

"¡¿Cómo es posible?!", balbuceó Raúl, poniéndose de pie de un salto. "¡¿Esa mujer vino por Damián?! ¡Maldita sea! ¡¿Qué suerte de mierda tuvo este repartidor?!".

Una de las chicas de la mesa intentó salvar el momento con una sonrisa forzada. "Guapa... ¿no te equivocaste de salón? Seguro vienes a buscar al señor Prieto, ¿verdad? Ahí atrás está el señor Tomás Prieto, el más rico de la mesa".

Renata se giró lentamente, miró a Tomás con una mezcla de confusión y profundo desprecio, y luego volvió la mirada hacia Damián.

"¿Señor Prieto? ¿Qué señor Prieto?", respondió Renata con frialdad absoluta. "No tengo idea de quién es ese sujeto. Yo vine exclusivamente por mi hombre, Damián".

Renata acaba de propinar la humillación más brutal de la noche, dejando a Tomás Prieto y a Valeria completamente destruidos frente a todos. Pero la noche apenas comienza: el gerente del hotel está por entrar sirviendo la botella de vino de reserva privada enviada personalmente por Camila Cruz. ¿Qué cara pondrán todos cuando descubran que Damián es el invitado de honor del hotel más lujoso de la ciudad?

 ¡La destrucción total de las élites continúa en el Episodio 13!