Hoy presentamos: El Juicio Final y las Dos Reinas.

Las palabras de Camila Cruz resonaron en el gran salón de banquetes del Hotel Real como la detonación de una bomba nuclear: "Yo no mantengo a Damián... ¡él me mantiene a mí!".

Valeria, con la mejilla roja por la bofetada, se quedó petrificada en el suelo. Tomás Prieto, aún parado cerca de la mesa con los fajos de billetes en la mano, parpadeó desorbitado, sintiendo que la sangre se le congelaba.

"¡¿C-cómo dice, señora Camila?!", balbuceó Valeria con la voz quebrada. "¡Eso es imposible! ¡Damián es un inútil, un infeliz muerto de hambre! ¿Cómo va a mantenerla a usted?".

"¡Señora Camila, él es un simple campesino!", intervino Tomás, con una risa nerviosa y sudor frío en la frente. "No siga con bromas... Usted es la gran heredera del Grupo Cruz. En todo caso, usted debería ser quien lo mantenga. ¡Él no tiene derecho ni a mirarla!".

Camila se reacomodó las joyas de su muñeca con una frialdad ejecutiva. "No estoy de humor para chistes, señor Prieto. La capacidad financiera de Damián es algo que mentes limitadas como las suyas jamás podrían estimar".

En la mente de Renata, las piezas del rompecabezas encajaron al instante. Camila es la dueña del imperio Cruz... y si Damián la mantiene a ella, ¡significa que Damián es un multimillonario inalcanzable! Tengo que asegurarme de no dejarlo ir jamás.

Damián dio un paso al frente, ajustándose los puños de su impecable traje café. "Nada es imposible. Les dije que no me juzgaran con sus ojos ciegos".

 

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Valeria, al comprender de golpe la aplastante realidad, sintió un vuelco en el estómago. Olvidando el dolor de la bofetada y arrastrándose por el suelo, se acercó a las piernas de Damián con mirada suplicante.

"¡Damián! ¡Querido Damián!", chilló Valeria, intentando tomarle la mano. "¡Fue mi culpa! Te malinterpreté del todo... En realidad, al único que he amado en mi vida es a ti. Por favor, olvidemos todo y volvamos a estar juntos, ¿sí?".

Damián la miró desde las alturas con una expresión de puro asco.

"Una mujer como tú", respondió Damián con voz helada, "ni aunque te entregues en bandeja de plata me interesaría".

Renata dio un paso al frente, interponiéndose entre Valeria y Damián. "¡Qué descarada eres! Pensabas que Damián era pobre y lo tiraste a la basura como a un perro. ¡Ahora que sabes que es millonario te viene a arrastrar! Eres una víbora. ¡Tú lo has humillado todo este tiempo y ahora te vas a disculpar con él!".

Valeria tragó saliva, humillada. Renata se giró bruscamente hacia Tomás Prieto y los demás excompañeros de la facultad.

"¡Y tú también, Tomás! ¡Y todos ustedes! ¡Pídanle disculpas a Damián ahora mismo!".

"¡¿P pedirle disculpas a este repartidor?!", protestó Tomás, intentando mantener un último rastro de orgullo. "¡Jamás! ¡Eso es imposible!".

Camila Cruz avanzó dos pasos, mirando a Tomás con ojos calculadores. "Señor Prieto... si se niega a disculparse con el señor Ríos, a partir de este segundo el Grupo Cruz suspende todo tipo de cooperación comercial con la empresa de su familia".

El rostro de Tomás se volvió transparente. "¡No! ¡Señora Camila, no haga eso! Si el Grupo Cruz nos retira el respaldo, ¡mi empresa familiar estará completamente quebrada mañana por la mañana!".

Sin lo que le quedaba de dignidad, Tomás se dejó caer de rodillas contra el suelo de mármol frente a Damián, dándose golpes con la cabeza contra el piso.

"¡Damián! ¡Fui un ciego! ¡No supe ver al gigante que tenía enfrente! ¡Perdóname por mi ignorancia, te lo suplico, no destruyas a mi familia!".

"¿Y tú, Valeria?", presionó Renata con tono dominante. "¿O quieres que la señora Camila te dé otra bofetada?".

Valeria, temblando entre lágrimas, bajó la cabeza hasta tocar el suelo. "¡Lo siento, Damián! ¡Perdóname!".

Todos los demás excompañeros de la clase comenzaron a inclinarse en pánico, juntando las manos: "¡Damián, lo siento mucho!", "¡Perdónanos, Damián!".

Damián los miró a todos tirados a sus pies, cruzó los brazos y dijo con voz firme: "Lárguense".

Todos se levantaron tropezando entre sí, huyendo del salón de banquetes como ratas asustadas.

 

Con la sala finalmente vacía, el silencio volvió al recinto. Renata miró a Camila Cruz y sintió una punzada de inseguridad. Camila es demasiado hermosa, elegante y poderosa... Si Damián pasa la noche con ella, me va a dejar de lado.

Decidida a actuar, Renata llevó una mano a su vientre y soltó un leve gemido, apoyándose en el hombro de Damián.

"Damián... de repente me empezó a doler mucho el estómago", susurró Renata con ojos de venado indefenso. "¿Puedes llevarme a mi casa ahora mismo?".

Camila dio un paso al frente, sonriendo con astucia superior. "No. Damián ya me prometió que cenaría conmigo esta noche en la suite presidencial".

Damián sonrió con suficiencia, disfrutando de la rivalidad entre las dos bellezas. "Así es ser rico, ¿no? Con dinero, todas las mujeres luchan por ti".

Renata, no dispuesta a ceder, se pegó al brazo de Damián y le susurró al oído con voz pícara: "Damián... compré un traje de baño atrevido hoy... ¿no quieres ir a ver cómo me queda?".

Camila arquó una ceja, acercándose al otro costado de Damián con elegancia sensual. "Yo compré un juego de medias de seda importadas... ¿te interesan?".

Renata miró a Camila con rabia reprimida. "¡A él no le gustan las medias! Damián... ¿con quién te vas? ¿Con ella o conmigo? ¡Elige!".

"Sí, Damián", intervino Camila mirándolo fijamente a los ojos. "¿A quién eliges? ¿Ella o yo?".

Damián miró a Renata a su izquierda y a Camila a su derecha. Deslizó sus brazos alrededor de las cinturas de ambas mujeres, atrayéndolas con firmeza hacia su pecho.

"¿Elegir?", murmuró Damián con una sonrisa dominante y calculadora. "Eso es cosa de niños. Los hombres de verdad... nos quedamos con todo".

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Damián ha tomado el control absoluto del imperio Cruz y del corazón de las dos mujeres más codiciadas de la ciudad.

¿Qué pasará cuando Isabella descubra la verdadera identidad del "pervertido" que la salvó en la discoteca?

 

 ¡La expansión del imperio y los nuevos enemigos llegan en el Episodio 15!