¡No te burles de mí!, gritó Renata, con los ojos inyectados en furia. "¿Crees que cincuenta dólares cubren un vestido de diseñador de diez mil? ¡Eres un miserable! ¡Voy a llamar a la policía ahora mismo!".

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​Damián, aún en shock por los $5,000 que acababan de aparecer mágicamente en su cuenta, levantó la mano para detenerla. Si el sistema era real, si cada dólar gastado en una mujer se multiplicaba por cien, esta era su oportunidad definitiva para comprobarlo.

Con las manos temblorosas y el corazón latiéndole en la garganta, Damián ingresó los números en su aplicación bancaria y presionó Transferir.

​Renata estaba a punto de marcar a emergencias cuando su teléfono emitió un sonido de notificación premium. Miró la pantalla y su rostro palideció por completo.

​"¿Cinco... cinco mil dólares?", tartamudeó, levantando la vista hacia el repartidor con el uniforme sucio. "¿Cómo es posible que un simple empleado tenga tanto dinero en efectivo?".

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​Damián no le prestaba atención.

El ruido del tráfico a su alrededor pareció silenciarse. Frente a él, la pantalla holográfica azul volvió a materializarse con un pitido robótico ensordecedor que resonó directamente en su cerebro.

​[Objetivo: Renata Soler]

[Gasto realizado: $5,000]

[Multiplicador x100 Activado...]

​El teléfono de Damián vibró con tanta fuerza que casi resbala de sus manos sudorosas. La pantalla se iluminó con el mensaje de su banco: "Transferencia recibida: +$500,000.00. Saldo actual: $500,000.00".

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​¡Medio millón de dólares! Damián sintió que el oxígeno no le llegaba a los pulmones y tuvo que apoyarse en una señal de tráfico para no caer de rodillas. Su mente viajó instantáneamente a los tres oscuros años en aquella celda húmeda, donde contaba cada centavo imaginario para sobrevivir a la desesperación. Recordó la humillación de repartir comida bajo tormentas torrenciales, soportando insultos de clientes por propinas miserables, todo para intentar recuperar la casa que Bruno les había robado a sus padres. Y ahora, en un abrir y cerrar de ojos, sostenía en su mano el poder adquisitivo de un magnate de élite. El Sistema no era un sueño; era su boleto dorado para destruir a quienes lo arruinaron.

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​Respiró hondo, tratando de ocultar el torbellino de emociones, y miró la motoneta azul de Renata que yacía destrozada en el asfalto.

​"Tu vestido está pagado", dijo Damián con una voz inusualmente firme y dominante, un tono que definitivamente no pertenecía a un simple repartidor. "Eso no es justo. Ven conmigo, te compraré un auto nuevo".

​Antes de que Renata pudiera procesar la absoluta locura que acababa de escuchar, se encontró caminando atónita detrás de Damián hacia el concesionario de lujo más exclusivo de toda la ciudad. Era un gigantesco edificio de cristal templado que exhibía los vehículos de importación europea más codiciados.

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​Al cruzar las pesadas puertas automáticas, una ráfaga de aire acondicionado helado los recibió, trayendo consigo el aroma embriagador a cuero italiano nuevo y cera pulida. Los pisos de mármol blanco estaban tan inmaculados que reflejaban las gigantescas luces LED del techo como espejos perfectos, haciendo que las botas manchadas de lodo de Damián resaltaran como una ofensa visual en aquel palacio de la riqueza.

​Damián avanzó con seguridad y se acercó a admirar el auto más espectacular de la sala de exhibición: un majestuoso deportivo amarillo con acabados aerodinámicos. Sin embargo, antes de que pudiera siquiera rozar la pintura con su dedo, una elegante asesora de ventas se interpuso bruscamente en su camino.

​La mujer, vestida con un impecable traje sastre negro y una placa dorada en el pecho, escaneó el uniforme amarillo, rasgado y sucio de Damián de arriba a abajo. Su rostro se contorsionó en una mueca de profundo e indisimulado asco.

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​"Oye, la entrada para repartidores está en el callejón trasero", escupió la vendedora, cruzándose de brazos de manera amenazante. "Deja el pedido de comida en la recepción y lárgate por donde viniste. Estás manchando el piso de mármol y espantando a los verdaderos clientes".

​El Sistema de Riqueza Absoluta acaba de darle medio millón de dólares a Damián. ¿Dejará que esta vendedora arrogante lo humille, o está a punto de desatar una tormenta financiera en el concesionario?. 

¡Descúbrelo mañana en el Episodio 4!.