El silencio en el vestíbulo del Gran Hotel Solaria se podía cortar con un hilo. El guardia de seguridad mantenía la cabeza gacha con un respeto servil, mientras la terminal financiera emitió la luz verde que confirmaba el saldo multimillonario de Damián.
"¿Y bien?", dijo Renata, cruzándose de brazos y mirando a Bruno con una sonrisa victoriosa. "¿No dijiste que te arrodillarías a pedir disculpas si Damián tenía el dinero suficiente? Estamos esperando".
El rostro de Bruno pasó del rojo furioso a un pálido cadavérico. "¡Esto es una ridiculez!", balbuceó, dando un paso atrás. "¡Tener fondos para entrar no significa nada! ¿Creen que con eso son superiores?".
"Cariño, no te rebajes con este muerto de hambre", intervino Valeria, aferrándose al brazo de Bruno con pánico en la mirada. "Él solo es un pobre repartidor de comida. ¡Mi esposo es del poderoso Grupo Cruz!".
En ese instante, el sonido firme de tacones sobre el suelo de mármol atrajo la atención de todos. Una mujer de presencia imponente, vestida con un impecable traje blanco de corte ejecutivo y luciendo una cadena de oro, se acercó al grupo. Era Camila Cruz, la verdadera heredera y presidenta ejecutiva del Grupo Cruz, y hermana mayor de Bruno.
"¿Qué es este escándalo?", preguntó Camila con voz gélida, mirando a su hermano con evidente desaprobación. "La subasta está por comenzar. Entren de una vez".
Damián observó a la mujer. Así que esta es la famosa Camila Cruz... la verdadera dueña del imperio y hermana de Bruno, pensó Damián, sintiendo una chispa de ambición en su pecho. Es elegante, poderosa y dominante. Si a ella le interesa el dinero, podría ser el objetivo perfecto para multiplicar mi Sistema a niveles estratosféricos.
Sin perder la postura, Damián le sonrió al guardia. "¿Ya podemos pasar?".
"¡Por supuesto, señor! Adelante, por favor", respondió el guardia, retirando apresuradamente el cordón de terciopelo rojo.

El salón de subastas era un deslumbrante despliegue de opulencia. Gigantescas arañas de cristal colgaban del techo, iluminando a los empresarios más influyentes de la región. Damián y Renata tomaron sus asientos en la zona VIP, a solo unos metros de Bruno, Valeria y Camila.
La subastadora subió al podio y golpeó el martillo de madera. "Damas y caballeros, iniciamos con la primera pieza de la tarde: un raro jarrón de porcelana imperial. La puja inicial arranca en 8 millones de dólares, con incrementos mínimos de 500,000".
Bruno se levantó de inmediato de su silla, mirando a Damián con arrogancia. "¡Hoy te voy a enseñar la diferencia entre la aristocracia y un limosnero! ¡Diez millones!".
"Quince millones", dijo Damián de inmediato, levantando su paleta sin parpadear.
"¡Veinte millones!", gritó Bruno.
"Veinticinco", respondió Damián.
"¡Treinta millones!", contraatacó Bruno, sudando bajo las luces.
Renata se inclinó hacia Damián, preocupada. "Damián, el jarrón empezó en ocho millones... ¿no te estás pasando?".
"Tranquila", murmuró Damián con tono divertido. "Me sobra el dinero. ¡35 millones!".
En la fila delantera, Camila Cruz miró el jarrón y luego a Damián. Ese jarrón vale 15 millones como máximo, pensó Camila. ¿Este chico está jugando con mi hermano?.
Bruno, cegado por la rabia y el deseo de no quedar en vergüenza frente a Valeria, cayó directo en la trampa. "¡Maldito sea! ¡No me vas a ganar! ¡40 MILLONES!".
El salón entero ahogó un grito. 40 millones por un jarrón de 15.
Damián bajó su paleta, cruzó las piernas y comenzó a aplaudir lentamente con una sonrisa burlesca. "Vaya, señor Bruno... sí que tiene dinero. Felicidades, el jarrón es suyo. No estoy tan loco como para pagar 40 millones por algo que vale 15".
El rostro de Bruno se desencajó por completo cuando el martillo cayó: "¡Vendido al señor Bruno por 40 millones!". Se dio cuenta de que Damián lo había manipulado para hacerle perder una fortuna.
Camila Cruz esbozó una leve sonrisa de intriga hacia Damián. Qué mañas tiene este muchacho... con solo hablar hizo que mi hermano idiota pagara 25 millones de más.

"A continuación", anunció la subastadora, "la joya estrella de la noche: el collar único en el mundo, el 'Corazón del Océano'. Puja inicial: 20 millones de dólares".
Un enorme diamante azul montado en platino resplandeció en el escenario. Valeria se tomó el pecho, suplicándole a Bruno. "¡Amor! ¡Ese sí lo quiero! ¡Cómpramelo, por favor!".
Damián miró a Renata. "Te dije que te compraría joyas. ¿Te gusta?".
"Es hermoso...", admitió Renata con los ojos deslumbrados.
"Entonces es tuyo", afirmó Damián.
La puja comenzó salvajemente. Bruno, buscando venganza, elevó la oferta a 25 millones. Damián subió a 30. Bruno a 40. La tensión en la sala era insoportable.
"¡45 millones!", gritó Bruno, poniéndose de pie.
Damián miró su teléfono disimuladamente. Su saldo exacto era de $50,000,000. Si usaba todo su capital aquí, se quedaría literalmente en cero por unos segundos... pero si el Sistema lo multiplicaba por 100, obtendría cinco mil millones de dólares. Levantó su paleta con total frialdad.
"50 millones de dólares".
El salón estalló en murmullos. ¡Cincuenta millones de dólares por un collar!
Bruno soltó una risa maníaca, convencido de que había atrapado a Damián al límite de sus capacidades. "¡Ja! ¡Caíste, imbécil! ¡Me retiro! ¡50 millones! Por si no lo sabes, en las reglas de esta subasta, si ganas una pieza y no la pagas al instante, ¡te encarcelan y te destruyen la vida! ¡Sé que no tienes ni un centavo más allá de eso! ¡A ver cómo pagas cincuenta millones en efectivo, repartidor de pacotilla!".
Valeria reía aliviada, esperando ver el arresto de Damián. Camila Cruz observaba fijamente al joven, evaluando si realmente tenía el poder financiero para liquidar semejante suma.
Damián no dijo una sola palabra. Se levantó de su asiento, caminó tranquilamente hacia la empleada bancaria de la subasta y sacó su tarjeta.
"Con tarjeta, por favor".
La empleada deslicó el plástico. Bruno se acercó a la pantalla, esperando ver el mensaje de error.
¡BEEP!
La terminal sonó en tono dorado y emitió la voz sintética del sistema bancario internacional: "Pago aprobado. Monto procesado: $50,000,000.00. Transacción exitosa".
El grito de incredulidad de Valeria resonó en todo el salón. Bruno cayó sentado en su silla, pálido como la nieve, incapaz de articular una palabra. Cincuenta millones de dólares pagados en efectivo y en un segundo por el hombre al que había enviado a prisión.
Damián tomó el estuche del collar, se lo entregó a Renata, miró a Bruno y sonrió con superioridad.
"Te dije que en mi mundo las promesas se cumplen".
Damián acaba de gastar sus últimos 50 millones de dólares en el 'Corazón del Océano' para Renata. Si el Sistema multiplica esta compra por 100... ¡Damián recibirá cinco mil millones de dólares! ¿Qué cara pondrán Bruno y Valeria cuando descubran que sus trampas solo hicieron a Damián multimillonario?
¡El nacimiento de un titán financiero llega mañana en el Episodio 8!
¡No te lo puedes perder por nada del mundo!.



